Penitencia

PENITENCIA

Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

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PRIMERA CONFESIÓN

Para recibir por primera vez el Sacramento de la Confesión es necesaria una preparación que nos ayude a saber los pasos necesarios para confesarse y, sobre todo, a abrir nuestra alma con sinceridad, humildad y arrepentimiento para recibir la misericordia del Señor que se nos derrama a través de la absolución de los pecados.

Dentro del itinerario de Iniciación Cristiana, los niños reciben el Sacramento de la Penitencia unos meses antes de recibir la Primera Comunión en 4º de primaria, durante la Cuaresma de ese año, que es el tercer curso de la catequesis.

CELEBRACIÓN INDIVIDUAL DE LA PENITENCIA

¡Porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios. Puesto que el pecado de uno solo daña al cuerpo de Cristo que es la Iglesia, el sacramento tiene también como efecto la reconciliación con los hermanos.

No es siempre fácil confesarse: no se sabe que decir, se cree que no es necesario dirigirse al sacerdote…Tampoco es fácil confesarse bien: hoy como ayer, la dificultad más grande es la exigencia de orientar de nuevo nuestros pensamientos, palabras y acciones que, por nuestra culpa, nos distancian del evangelio. Es necesario «un camino de auténtica conversión, que lleva consigo un aspecto “negativo” de liberación del pecado, y otro aspecto “positivo” de elección del bien enseñado por el Evangelio de Jesús. Este es el contexto para la digna celebración del sacramento de la Penitencia. El camino a recorrer, comienza por la escucha de la voz de Dios y prosigue con el examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada.

«El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerde, tras examinar cuidadosamente su conciencia. La confesión de las faltas veniales, está recomendada vivamente por la Iglesia».

Catecismo de la Iglesia Católica, 1493

No hay ninguna norma sobre cada cuánto tiempo hay que confesarse, pero sí se recomienda hacerlo ¡enseguida! si se ha perdido la gracia por haber cometido un pecado grave. En cambio, si se tienen sólo pecados veniales, se recomienda hacerlo frecuentemente: una vez a la semana, una vez al mes… lo que cada uno necesite pero procurando que sea con frecuencia.

CELEBRACIÓN COMUNITARIA
CON ABSOLUCIÓN INDIVIDUAL

En momentos especiales del Año Litúrgico, como en Adviento o en Cuaresma, o cerca de celebraciones especiales, como la Primera Comunión o la Confirmación, la Parroquia ofrece una celebración comunitaria de la Penitencia con confesión y absolución individual.

En esta celebración, la Palabra de Dios nos ilumina, la homilía nos exhorta a confesarnos con sinceridad, humildad y arrepentimiento, el examen de conciencia nos ayuda a recordar personalmente qué pecados hemos cometido, varios sacerdotes están disponibles para confesar y absolver individualmente mientras se entonan cantos o se rezan peticiones, y finalmente recibimos la bendición de Dios.