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Homilía: La Santisíma Trinidad

Todo el Antiguo Testamento es una preparación para la manifestación plena del gran misterio de la Santísima Trinidad, que Jesús nos manifiesta con obras y palabras.

Nuestra propia vida es una preparación para el encuentro definitivo con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Aunque solo en la eternidad nos daremos cuenta plenamente de lo que es Dios, Él ha querido que ya aquí en este mundo podamos vivir de su vida. Por esa razón, hoy, día en que celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, la Madre Iglesia nos dice: vive ahora más conscientemente lo que un día vivirás en plena luz, vive en comunicación con las tres divinas Personas, saborea lo que es Dios y lo que ha hecho contigo, habla confiadamente con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo.

Por eso, hoy y durante toda esta semana, busca ratos de silencio y oración para hablar con el Padre, y dile sin prisas: “Padre, Tú que eres la Sabiduría y que contemplas todas tus perfecciones –el amor, el bien, la bondad, la paz, la justicia…–; Tú que quieres ser todo lo bueno en plenitud y tienes el poder de serlo como en una explosión de poder, de vida, de alegría, de ser; Tú que has querido compartir conmigo tu misma vida, dame tu sabiduría para conocerte, dame saber levantar mi mirada hacia Ti para descubrir que tu voluntad es lo único importante –y así cada problema y preocupación se pondrá en su sitio en vez de sobrepasarme–, dame tu luz para gozarme en ti ya en este peregrinar.

Habla con el Hijo y dile: Tú que siempre le dices, le cantas al Padre lo grande y perfecto que es; Tú que eres su descanso cuando Él te mira; Tú que expresas con tu ser la voluntad de tu Padre y viniste al mundo para realizarla hasta el fin, cuéntame los secretos de tu vida infinita, concédeme vivir siempre unido a ti, hazme estar deseoso de cumplir lo que Dios quiera aunque me cueste, porque siempre es lo mejor.

Y habla con el Espíritu Santo y dile: Espíritu Santo, Tú que eres el fuego que abrasa al Padre y al Hijo en amor mutuo; Tú que eres el vínculo de la unidad en la Familia divina; Tú que eres el amor en Persona, ven a mi pobre ser, enciende en mí la llama del amor a Dios por encima de todo y de todos, y haz que esté cada vez más unido a la Santísima Trinidad.

María, Hija predilecta del Padre, Madre amorosa del Hijo y Esposa fidelísima del Espíritu Santo, nos alcance vivir, como ella, en la intimidad y el gozo del mismo Dios, nuestro origen, nuestro presente y nuestro fin.