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Homilía: 5º Domingo de Cuaresma

Unos griegos querían ver a Jesús. Seguramente tenían curiosidad por saber quién era ese hombre que hacía milagros y hablaba tan bien. Buscaban su interés, pero no se enteraban de lo que Jesús estaba viviendo. Y Jesús dijo: “Ha llegado la hora”. La hora de dar su vida para salvarnos. La hora de establecer una alianza nueva eterna con nosotros.

Nos queda una semana para empezar la Semana Santa. Jesús va a sufrir de modo impensable por ti, en su cuerpo y en su alma. Él ve lo que está por venir, y su humanidad se estremece… Por eso, se pregunta en alto: “Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora”.

Además, la Iglesia te va a dar la posibilidad de estar presente en la misma pasión de Cristo, porque la Liturgia es como la puerta que nos da acceso a su vida.

Y tú… ¿en qué estás pensando? No te pase como a aquellos griegos o como a como a tantos discípulos que seguían a Jesús, que no se enteraron. No te pase como a los apóstoles, que incluso lo abandonaron ­­-solo Juan se mantuvo al pie de la cruz-­. ¿Y qué hacer para que no me pase a mí lo mismo? ¿Qué hacer para enterarme de lo que Jesús vive por dentro y así poder acompañarlo?

Lo primero que hay que hacer, lo hemos repetido en el salmo: “Oh Dios, crea en mí un corazón puro”. Quien está en pecado, no se entera… Te invito, por tanto, a que te confieses esta semana. Deja que Dios cree en ti un corazón puro.

Lo segundo, nos lo ha dicho el mismo Jesús en el Evangelio: “El que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna”. Dejemos cosas que nos despistan, dejemos tantos caprichos que tenemos todos: niños y mayores. No estemos pensando solo en nosotros, lo que nos gusta, lo que nos apetece… Esta última semana de Cuaresma, vaciémonos especialmente de lo que no es Dios para dejarle espacio a él.

Lo tercero, también nos lo decía el Evangelio: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor”. Pongamos nuestra mirada, nuestra intención, nuestro corazón en Jesús. Si ahora te dijeran: “La semana que viene tienes que ir a Jerusalén y ayudar a Jesús a llevar su cruz”. ¿Verdad que te prepararías, que pensarías en ello, que no se te olvidaría? Pues verdaderamente, Jesús quiere que lo ayudes a llevar su cruz. Piensa en Él, síguelo por el camino de la cruz.

Pidamos a María que nos ayude a estar atentos y prepararnos para acompañar a Jesús en esta Semana Santa.