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Lecturas recomendadas: semana de la Octava de Navidad

1. Lectura del Evangelio de la Octava de Navidad. La sagrada familia: Jesús, María y José

EVANGELIO
Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los maestros.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 41-52

Los padres de Jesús solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua.

Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que se enteraran sus padres.

Estos, creyendo que estaba en la caravana, anduvieron el camino de un día y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén buscándolo.

Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.

Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre:

«Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Él les contestó:

«¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».

Pero ellos no comprendieron lo que les dijo.

Él bajó con ellos y fue a Nazaret y estaba sujeto a ellos.

Su madre conservaba todas esto en su corazón.

Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura, y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Palabra del Señor.

2. Lectura de la Madre Trinidad

«Navidad, Dios con Nosotros». Frutos de oración, pp. 14

617. ¡Emmanuel…!, clamaban en el Antiguo Testamento los profetas. ¡Emmanuel…!, clamaba María en su oración amorosa de sólo Dios. ¡Emmanuel…!, clama la Iglesia, vestida de luto por sus
hijos pródigos. «Dios con nosotros», clamamos las almas que buscamos al Amor. (6-12-59)

618. En el silencio del misterio infinito se descorrió el velo del Sancta Sanctorum; y, en pronunciación sapiental de amorosa Sabiduría, el Padre dijo su Palabra en el seno de Nuestra Señora, por el arrullo del Espíritu Santo; el cual la besó tan fecundamente, que la hizo romper en Maternidad divina. Y desde este instante la Virgen ya es Madre, y Madre de Dios; y Dios ya es Hijo de la Virgen Madre, para que ésta, en manifestación del querer divino, nos lo entregara en la noche sagrada de Belén, llena de amor y ternura. (Navidad de 1974)

619. En el silencio de la noche y de la incomprensión se dijo el Amor. (4-12-64)