Lecturas recomendadas: 3ª semana de Cuaresma

1. Lectura del Evangelio del Domingo 3ª semana de Cuaresma.

EVANGELIO
Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-25

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

«Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron:

«¿Qué signos nos muestras para obrar así?».

Jesús contestó:

«Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».

Los judíos replicaron:

«Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»

Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor.

 

2. Lectura de la Madre Trinidad

«Barrenderos en la Iglesia» 

Opúsculo nº16, pp 99-115

Hoy, penetrada del coeterno e infinito pensamiento, iluminada con la luz de lo Alto, he recibido una nueva sorpresa en mi vida…; ¡una nueva conciencia, aún más profunda, de mi vocación, de mi misión en la Iglesia con cuantos, para ayudarla, el Amor Infinito me ha dado!

En un abrir y cerrar de ojos, un rayo de luz de la Eterna Sabiduría me penetró, como con la agudeza de una espada afilada, en lo más recóndito y profundo de la médula del espíritu. Y, por el centelleo de su iluminación, me hizo vivir, en un instante, el transcurrir de todos los tiempos…, de todos los siglos…; con la contemplación nueva y sorprendente de la Santa Iglesia de Dios, como el único Camino que nos conduce, por Cristo y bajo el cobijo y amparo de la maternidad de Nuestra Señora de Pentecostés, Madre de la Iglesia, hacia la Casa del Padre.

¡¡Y me vi, de pronto, con una escoba barriendo la Iglesia mía…!!